sábado, 30 de junio de 2012
Platón, Diógenes y Aristóteles: la broma.
Hay muchos aspectos de la historia de la filosofía que no han sido estudiados, que yo sepa, aunque la verdad es que no sé casi nada -y, en el fondo, como ya "sabemos", nada es lo que sabemos-, pero bueno, hay muchos aspectos que no han sido estudiados o que "ya" no son estudiados. En el texto famoso de Diógenes Laercio acerca de los filósofos famosos se plantean las historietas filosóficas sobre un estado de permanente broma, como si el transfondo fuera la broma o como si el consenso filosófico fuera tomado a broma.
En cierto momento, en Atenas debieron de verse las caras un Platón mandón, un Diógenes emperrado en negar la teoría platónica acerca de las "Ideas" y un joven Aristóteles empollón. Quizás no estuvieron solos y en sus palabras hubo más amabilidad de la que hoy podríamos soportar si viéramos dialogando a tres filósofos punteros. Me da en la nariz que sobre todo se gastaron bromas.
Si esos tres hubieran imaginado un poco lo mucho que serían estudiadas sus "ideas" y sus contra-ideas, ¿habrían podido reírse como tal vez lo hicieron? Precisamente e incluso más.
sábado, 23 de junio de 2012
Los rollos filosóficos
El procedimiento inconsciente para el sujeto deslumbrado ante el espejo del concepto, el procedimiento para desmochar las señales que estaba esperando, este procedimiento típico en la historia de la filosofía puede también llamarse -y a veces no hay otra manera de decir la cosa sino en broma-, puede llamarse también así: rollo.
El rollo es difícil de discernir de la verdad. A Platón le ponían de los nervios los propiciadores del rollo sonoro y del rollo escrito. Puede que Platón no fuera como hoy nos lo queremos imaginar. Quizás no fue un neurótico ni un extremista, ni un utópico, ni un gilipollas teórico, o puede que algo de eso sí fuera. Suele creerse, apuntalando la afirmación de manera autorrefente, que todo eso es irrelevante desde el punto de vista metafísico, ya que la metafísica no se ocupa de asuntejos psicologistas, sociologueros, cotillas ni historicistas. La metafísica fija su interés con escrúpulo, trata conceptualmente a través de conceptos de aquello que importa, y lo que importa es lo que se deja tratar conceptualmente. Bla, bla, bla, pero el caso es que, fuera quien fuera ese "platón", es de notar que le ponían de los nervios los rollos. El filósofo está siempre a punto de hacer el ridículo o de ejercer de somnífero sobre sus oyentes. Cuántos filósofos han salvado el pellejo precisamente por ser tomados como locos o memos, cuántos por no ser escuchados ni leídos. El rollo es la mala sombra del filósofo pero, por broma, a menudo es su seguro de vida, su estar-en-el-mundo. Si Heidegger no hubiera sido tan rollo ni hubiera aparecido con pinta de tonto, habría pagado cara su infame colaboración con los nazis. Ni siquiera estos le tomaron en serio. La reiteración de la pregunta acerca del ser provoca sueño, es un rollo. Los nazis eran sobre todo unos asesinos, pero el ser preguntado y preguntante era un rollo. Vete ahora a soltarle el rollo a los caminitos del bosque, a ver si en ese ahí relampaguea la pregunta decisiva, no te jode.
El rollo como sombra del discurso sensato y como essentia del discurso insensato, del curso de palabras siguiendo el hilo de la verdad y del curso de palabras siguiendo su propio rollo, a modo de filsofía o a modo de sofística, ¿puede ser eludido en la historia de la filosofía?
Un montón de rollistas que se ocupan de capitulillos de la historia de la filosofía tratan de entender para luego explicarles a los demás qué significan muchos de esos rollos filosóficos que otros como ellos tuvieron entre manos. Bla, bla, bla.
Aristóteles dice en la Ética eudemia que muchos listillos son capaces de persuadir a gente sensata y cabal. La gente sensata y cabal es capaz de pensar para hacer algo, para llevar a cabo algo, pero los listillos rollistas se limitan a crear pompas de jabón conceptuales. Son tan adorables sus rollos, que incluso pueden engañar a los sensatos. Aristóteles mismo anduvo en la cuerda floja: si se caía, consigo se caía todo su empeño científico al mar de los rollos eternos. Et caetera.
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