sábado, 23 de febrero de 2013

Marco Aurelio

Acomódate a lo que te ha tocado en suerte y ama a los hombres con los que te ha tocado estar, pero no como quien ama una obligación impuesta a la que conviene ponerle buena cara para que no dé problemas, ni como quien ama el dinero o como quien ama a los que adulan sus vanidades, sino "de verdad". - Esta idea de Marco Aurelio marca el pulso estoico que el emperador se obstina en no extraviar en el riesgo de la redacción. El "de verdad", al ser explicitado, indica que las cosas pueden hacerse de muchas maneras. Podemos escribir un artículo pero no haciéndolo de verdad, sino por dinero o para quedar bien ante alguien. Podemos visitar a nuestros familiares pero "no de verdad", sino por cumplir. Podemos saludar a alguien con quien nos cruzamos, pero podemos hacerlo "de mentira", es decir, fingiendo una sonrisa o disimulando algo. En nuestra potencia, ese "podemos", se halla la ficción y la mentira, la injusticia y la deslealtad, la envidia, el amor, el deseo, la amistad, la tristeza, el recordar, el maldecir y todo lo demás. Marco Aurelio trata de explicarse a sí mismo ciertos vericuetos mentales por los que, transitando, "podemos" perdernos, y trata de hacerlo exactamente para evitarlo. Se trata de un "para" ético. Contraemos un deber esencial con nosotros mismos y desde él, no desde otro sitio, un deber con el universo. Ama "lo que te ha tocado en suerte", pero ámalo de verdad. No es fácil amar algo así y por eso tenemos el deber de recordarnos a nosotros mismos que hay un "de verdad" esperándonos desde siempre a pesar de que tantas veces lo traicionamos. Amar y no hacerlo de verdad es una indignidad propia de locos imbéciles. - La filosofía de Marco Aurelio es profunda como pocas en la historia de la filosofía. Por error se creen muchos estudiantes de filosofía e incluso ilustres doctos que por el mero hecho de hacer filosofía estamos ya ante algo profundo o abismal. Pero no suele ocurrir esto, si nos fijamos bien, ni mucho menos en muchísimos de los textos de que disponemos o en las conferencias o diálogos que hayamos podido conocer o en los que hayamos participado. La superficie filosófica al ejercer de resonancia de otras superficies adopta el gesto de la profundidad, encarnado en miradas intensas, como se ve en esas fotos clásicas de los considerados grandes filósofos (véase por ejemplo la cara de Heidegger: su mirada intensa parece la de un actor que interpreta una historia tremebunda que ha de hacer verosímil; su empeño en repetir la pregunta por el ser escenifica el momento en que el actor trata de no olvidar una frase y se la repite hasta meterla dentro del espacio para la simulación de la sinceridad), pero la profundidad es otra cosa y ni siquiera se parece mucho a eso que indica la metáfora de la profundidad excavada. Hacía bien Adorno burlándose de los filósofos profundos que posan para aparecer como profundos en la superficie de un eslogan convertido en corriente filosófica. Escribe filosóficamente pero escribe de verdad, piensa pero de verdad, di la verdad y dila de verdad. Marco Aurelio nos enseña a buscar, en un sentido socrático, heraclíteo y cínico, liberándose de las idas y venidas sofísticas o podridas bajo parrafadas de la comodidad ajena al punto del riesgo real de la vida. El teórico que contempla lo que vino y lo que está por venir no ha tenido la suerte de los que no han necesitado explicitar el sentido de la justicia o del amor. Su suerte depende de él, como ha enseñado el esclavo liberado Epicteto. ¿Y qué si nada va como querríamos en eso que no podemos decidir porque en realidad no somos? Excava siempre aquí, donde hay una fuente de la que siempre mana el bien si siempre excavas. Un saludo a Marco Aurelio.