lunes, 6 de marzo de 2017
El teatro del escepticismo moderno (siglos XV-XVII)
Representemos el escepticismo moderno en tres actos: 1º) Conocer lo incognoscible es imposible, pero es posible conocer esta imposibilidad, es decir, saber que hay algo que no sabemos, y esto ya es algún tipo de conocimiento, una ignorancia conocida, una "docta ignorancia" (Nicolás de Cusa).
2º) Quien vive en su vida cotidiana creyéndose más listo de lo que es o pensando que son reales cosas que jamás ha visto, dogmatizando, aprendiendo o enseñando cosas irreales, confundiendo sus deseos con lo que realmente pasa, y, en fin, no dándose cuenta de que hay un infinito de cosas que desconoce, acaba convertido en el tonto de la casa, en el cornudo que es el último en enterarse de los cuernos que todo el mundo sabe que le han puesto, en el escolástico que cree acercarse al Cielo cuando repta entre silogismos ridículos. Lo sano es saber que uno no sabe (Michel de Montaigne).
3º) No daremos un paso adelante ni en la vida cotidiana ni en la ciencia mientras creamos saber lo que en realidad no sabemos. Dudar es sano y, como ya dijo Pedro Abelardo siglos atrás, por la duda iremos hacia el descubrimiento de la verdad. Podría yo ser engañado por un espejismo e incluso autoengañarme (como hoy en día dirían psicólogos como Goleman), e incluso podrían otros estar engañándome; pero si, en cualquiera de estos u otros casos parecidos, yo fuera consciente de esa posibilidad, al menos sabría algo que no puede ser pasto del engaño. Dudo de todo, así pues al menos ya sé una cosa. (René Descartes)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)