domingo, 18 de marzo de 2012
Las dos éticas socráticas: la cirenaica y la cínica.
Mientras los cirenaicos dan por entendido que no se debe mentir acerca de que la razón de que nos comuniquemos y nos comportemos conforme al bien -ese del que Söcrates hiciera cuestión y motivo para la reflexión y el diálogo- es una razón anclada en el placer, opuesta al dolor, en el que ancla el mal, los cínicos se percataron de que la gracia consiste en desembarazarse de la esperanza (en el placer) y del miedo (al dolor), en la idea de que sólo liberados tendrá sentido lo que después hagamos o no hagamos, nos pase o no nos pase. Los cínicos elevan el bien buscado por Sócrates más allá de las inmediateces, preciando más el bien metafísico -la libertad-, que el bien físico -el placer-. Pero ambos consideran ambos como bienes y el suicidio como la última llave de la libertad, que es lícito usar si el dolor se pasa de la ralla, ¡hostias!, digo raya.
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