jueves, 11 de septiembre de 2014

La filosofía grecolatina vista desde la modernidad

Algunas de las maneras en que fueron colocadas en la filosofía grecolatina las preguntas no supusieron para el pensamiento griego ni romano el asombro con que muchos siglos después serían acogidas por los filósofos modernos, cuyas vidas tenían que parecerse a las de los antiguos, bien por imitación, que ellos creían saludable, bien porque regía la idea de que no hay nada nuevo bajo el sol, una idea muy diferente de la que en los siglos XVIII y sobre todo XIX y XX se impondría como una fuerza imparable: la idea de progreso, y que, sin embargo, no se parecían tanto como ellos imaginaban; en cambio, otras ideas que para los antiguos griegos y romanos eran fundamentales o eran la clave de algo importante, acabarían parando en la nada en manos de los muy amantes de la escritura filósofos modernos. Los modernos se burlaban de los medievales porque habían acosado a la filosofía original con impertinencias clericales, pero no se dieron cuenta de que la revolución científica les ponía a ellos también en el rol de los creadores de anacronismos e ilusiones. Todavía en 1789 muchos creían firmemente que era menester reiniciar la época clásica en su vertiente democrática. Hegel, poco después, todavía creyó que construir Alemania significaba tanto como volver a Grecia. Las lecturas hechas así de la época moderna con respecto a la filosofía antigua volcarían ciertos conceptos contra sí mismos, abriendo otros hacia aspectos, no obstante, que ni Platón ni Aristóteles ni nadie en la antigüedad hubieron sospechado. Lo más curioso llega en nuestra época, tal vez, con la llamada "posmodernidad" cuyo afán interpretativo hace constar con orgullo que la filosofía antigua debe ser reinterpretada. de pronto se disparan miles de nuevas lecturas de tan viejos textos y se diría que se trata de ver qué nuevo autor abre más posibilidades nuevas en el juego de la interpretación.

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