martes, 13 de septiembre de 2016
El nominalismo: de la Edad Media al Renacimiento
Se ha atribuido al nominalismo una deriva que desemboca en la asunción de que una cosa es rezar, tener fe en la divinidad y comprender que respecto de ella nos es simplemente imposible comprender nada, y otra cosa es actuar en el ámbito humano, factible para nosotros, en el reino de lo comprensible y que naturalmente nos es manejable de algún modo. El final de la Edad Media más o menos encaja con un momento en el que la Escolástica cristiana compatibiliza la idea de que la teología racional culmina su jugada de forma negativa (nos es imposible saber algo acerca de la divinidad), dejando su espacio legítimo a la fe, con la idea política de que el ámbito de lo humano tiene derecho a expandirse dentro de sus límites. Es una idea política no solamente porque legitime el poder de las monarquías, sino porque también reabre el portón de la ciencia humanamente realizable. En paralelo, es una idea que hace juego con el reconocimiento de la búsqueda de los placeres intramundanos. Lo pecaminoso no es realmente eso que ciertos repertorios de castigos posibles anuncian como lo que no debe hacerse. En realidad, el hombre sabe muy poco y lo poco que sabe a este respecto deriva de revelaciones de origen incomprensible. Con palabras designamos cosas que a menudo están fuera de nuestro alcance. No sabemos bien lo que decimos saber. Bueno, por lo menos, intentemos averiguar algo de lo que quizá sí podamos entender e intentemos dejar de padecer males allí donde quizá sí podamos dejarlos. Esta idea termina el plan sin resolver su origen. De algún modo, todo ha de volver a comenzar en la filosofía. Así se plantea el asunto hacia los siglos XIV y XV. - No hay mucho que enseñar y sí mucho que aprender. Las escuelas de la escolástica cristiana, sin darse cuenta, regresan al punto socrático de la docta ignorancia. Quien descubre su ignorancia cambia su destino. De no hacerlo, es porque no había ningún destino, lo que a los efectos significa exactamente lo mismo. Quien descubre su ignorancia cambia el rumbo de sus decisiones.
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