sábado, 23 de abril de 2016
Filosofía bajomedieval: tener que demostrar.
EL gusto por demostrar caracterizó la filosofía desde sus orígenes en Grecia. Hacer o intentar hacer demostraciones servía como ejercicio para la mente pero no era solamente un juego, sino que se suponía que servía finalmente para algo: para en efecto demostrar algo, lo que fuera, algo por ejemplo no evidente, no captable empíricamente, no inmediato, no del presente, etc. - Uno de los juegos o de los intentos serios por demostrar algo, fue el de demostrar que existen los dioses. - Durante la época medieval, el monoteísmo llena las expectativas del modo de pensar cotidiano en consonancia con un modo o estilo de filosofar que llamaríamos teológico, ambos, el pensar cotidiano y el teológico, prisioneros de su libertad aparente o ambos libres en su aparente prisión -según se vea el asunto-. El tener que pensar en el Gran Asunto, innombrable si se era riguroso, daba pie al viejo recurso filosófico del juego del demostrar o del intentar demostrar algo en serio. Era un juego y a la vez no era solamente un juego, porque era cierto, o tenía que serlo, que no hay nada más cierto e importante que eso que jamás hemos visto con nuestros ojos y que es causa de todo cuanto vemos con ellos.- Los diversos esfuerzos por demostrar la existencia de la divinidad única pusieron, en su mismo comienzo, el problema de la existencia como un repentino e incómodo elemento al que había que encontrar un acomodo en los razonamientos. El existir iba a ser la nueva cuestión metafísica, lo que había que explicar para luego tratar de hacer una demostración acerca de que el Ser Supremo "existe".
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